dimarts, 23 de novembre de 2010

Érase una vez, no dos, ni tres veces,...

Érase una vez, no dos veces, ni

tres veces, sino una sola vez y

nunca más una reina que

adelgazaba… demasiado. El rey

se asustó y sus médicos

recetaron mil remedios, pero la

reina moría. El rey vio a la

mujer, feliz, del jardinero y le

preguntó el porqué. «Le doy la

carne más barata, mi rey, la de

lengua». Entonces el rey dio a

probar a la reina lenguas de

raros animales, pero ella seguía

muriendo. Desesperado, ordenó

al jardinero que se llevara a la

reina con él y le diera de la

carne milagrosa. Y la reina se

curó. El rey, emocionado, pidió

al siervo una explicación: «Le di

carne de lengua señor: la dejé

hablar y escuché».

Weissmann, Hilda. En el prólogo de Mi escuela sabe a naranja. Estar y ser en ela escuela infantil de Mari Carmen Díez Navarro, Barcelona, Graó, 2010 (4ª reimpresión), pág. 12.